El 28 de agosto de 2026, La Vanguardia publicó en Madrid una noticia que cambia el tono sobre los agentes de código: OpenAI diseña una versión persistente y proactiva de Codex que seguiría trabajando hasta que el usuario la apague o la «mande a dormir». El reportaje original es de Wired (Maxwell Zeff). El cuerpo completo está detrás de un muro de pago: no inventamos citas de Wired. Gizmodo lo corroboró el 27 de agosto: el código del Persistent mode apareció en el repositorio público de la CLI de Codex.
La noticia no es que Codex «conteste mejor». Es que OpenAI ensaya un modo en el que el agente no se detiene al terminar la petición inicial. Este análisis separa lo que la prensa atribuye al código y a un portavoz de lo que una empresa puede concluir hoy. Codex, como producto, ya existe. El modo persistente, no: no hay anuncio público ni fecha de lanzamiento.

La Vanguardia, citando a Wired, describe un cambio respecto a los asistentes actuales, que suelen parar después de minutos u horas aunque la tarea quede incompleta. Al accionar el modo persistente, el asistente continuaría activo en distintas sesiones hasta que se le ordene detenerse. La función aparece en el menú de «esfuerzo de razonamiento» y, según el mismo reportaje, exige mucha capacidad de cómputo y tokens para que el modelo «piense» antes de responder.
Un portavoz de OpenAI confirmó a Wired —así lo recoge La Vanguardia— que lo están probando, pero que no lo lanzarán de inmediato. Thibault Sottiaux, responsable de productos principales, lo encuadró así:
«OpenAI tiene una cultura muy horizontal y se exploran muchas cosas diferentes en el repositorio de código abierto, que es, en cierto modo, nuestro patio de recreo compartido».
Esa frase confirma exploración. No confirma disponibilidad, planes, precios ni quién tendrá acceso. Gizmodo escribió a OpenAI y no obtuvo respuesta antes de publicar: el único «sí, lo estamos probando» de la prensa del 27 y 28 de agosto llega a través de Wired, no de un comunicado de producto.
Un hallazgo en un repositorio público es una señal temprana, no un lanzamiento. Trate el modo persistente como un prototipo confirmado, no como una función que ya puede contratar.
Lo que más se aleja de un chatbot no es que el proceso dure más. Es la «proactividad». Según el código analizado por Wired, el agente podría seguir trabajando aunque ya hubiera respondido: crearía tareas de seguimiento por y para sí mismo, usando interacciones anteriores y su «conocimiento del usuario». Tendría además una herramienta para enviar mensajes espontáneos, con la instrucción de usarlos con mucha moderación.
Eso cambia el contrato. Hoy un equipo invoca un agente, revisa un diff y cierra la sesión. Un modo persistente con proactividad conserva un objetivo más allá del prompt y puede interrumpir al humano. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, lo anticipó en una entrevista con David Senra que cita La Vanguardia:
«Hay como un único producto, que es: necesito preguntar algo a la IA (…) con el tiempo, quizá la IA debería ofrecerme cosas de forma proactiva». Y añadió que esa interfaz, que empezó como un chatbot y ahora incluye agentes de programación, «se percibirá como un agente más constante».
Son declaraciones de dirección, no una ficha técnica. Encajan con lo que el código parece ensayar. No demuestran que el producto ya se comporte así en producción.
No mezcle tres capas. En su página oficial, Codex es el mismo agente en ChatGPT, en la extensión del editor y en la CLI, unidos por la cuenta de ChatGPT. OpenAI afirma que completa tareas de extremo a extremo, que admite flujos multiagente con worktrees y entornos en la nube, y que las Skills enseñan las normas del equipo. También afirma, con lenguaje de producto, que está «hecho para trabajo en segundo plano siempre activo»: triage de issues, alertas o CI/CD.
Eso es marketing de un Codex que se puede agendar. No es el Persistent mode. Un trabajo programado arranca cuando usted o un evento lo disparan y termina con la receta. Un modo persistente, según Wired y La Vanguardia, se queda encendido entre sesiones y se propone la siguiente tarea hasta que alguien lo apaga.
OpenAI ha dicho que más de cinco millones de personas usan Codex cada semana, que más de un millón lo emplean fuera del desarrollo, y que Chat, Work y Codex están en la app de escritorio en todos los planes, incluido el gratuito. Son cifras del fabricante. Sirven para entender que Codex ya no es un experimento. No prueban que el modo persistente esté entre esas superficies.
Distinga tres cosas: el Codex que ya puede abrir, las tareas programadas que OpenAI ya anuncia, y el modo persistente que Wired encontró y que la compañía dice estar probando sin fecha.
La Vanguardia sitúa los frenos en «los últimos ciberataques autónomos lanzados por los modelos avanzados de OpenAI». El reportaje no detalla esos incidentes; no inventamos víctimas, CVEs ni cifras. Describe dos restricciones del modo persistente. Primera: el asistente no puede ampliar por sí mismo lo que tiene permitido hacer en el sistema. Segunda: cualquier modificación fuera del ordenador del usuario requerirá aprobación explícita.

Eso encaja con el Codex documentado: OpenAI publica páginas de aprobaciones, sandboxing y Codex Security, un agente que escanea y propone correcciones. Esos controles no convierten al prototipo en seguro. Significan que, al menos en el texto hallado, OpenAI no diseña un proceso sin techo de permisos.
Léalos como intención de diseño, no como garantía. Un agente que se queda encendido, se inventa tareas y puede mensajear concentra tres riesgos que un chat breve no concentra: deriva de objetivo, consumo de cómputo sin cierre natural y acciones cuando nadie mira. El código, según la prensa, intenta acotar el primero y el tercero. El segundo —la factura de un proceso que no se duerme solo— queda como advertencia del propio reportaje.
La seguridad debe vivir fuera del modelo: credenciales separadas, herramientas de alcance mínimo y una persona que autorice lo que salga del ordenador local.
La Vanguardia recuerda que Anthropic, Meta y OpenAI compiten por automatizar tareas cotidianas, y que los usuarios de estas herramientas son todavía, sobre todo, programadores. Eso es un diagnóstico de mercado, no una orden de compra. El 28 de agosto de 2026, sin esperar a un botón que no existe, una organización sí puede:
En catorce días basta con documentar qué hace hoy su agente cuando usted se levanta de la silla y probar un flujo reversible —un PR, un triage, unas pruebas— con tres reglas: no escribe fuera del repo de prueba, no habla con sistemas externos sin aprobación y alguien revisa al día siguiente. Si nadie sabe cómo deshacer la acción, el agente todavía no debe ejecutarla. No instale un modo que no está en el menú. Prepare la gobernanza para cuando —si— aparezca.
El modo persistente importa porque empuja a Codex desde «herramienta que invoco» hacia «proceso que se queda encendido». Wired lo encontró. Un portavoz confirmó la prueba y la ausencia de lanzamiento inmediato. Altman ya describe un agente más constante. Nada de eso autoriza a tratar el prototipo como si estuviera en producción.
Mi recomendación es concreta. No busque un interruptor Persistent mode ni planee un proyyecto sobre una fecha que OpenAI no ha dado. Sí revise, esta semana, tres cosas: qué permisos tiene Codex en su máquina y en la nube, quién aprueba un cambio fuera del ordenador local, y qué haría su equipo si el agente siguiera creando tareas a las tres de la mañana. Si no puede responderlas, un modo que no se duerme solo no es una ventaja: es una factura y un incidente esperando horario.
La promesa del fabricante, cuando llegue, será terminar más trabajo sin que usted esté delante. El trabajo de la empresa es demostrar que ese trabajo era el correcto, que se puede detener y que se puede deshacer.

Nota editorial: las citas de Thibault Sottiaux y Sam Altman proceden de La Vanguardia, que atribuye la investigación a Wired. No reproducimos citas adicionales de Wired. El modo persistente no estaba anunciado ni disponible al público en la fecha de esta nota.
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